Este programa se dedicó a reflexionar sobre el voluntariado como una práctica que transforma realidades y construye vínculos entre universidad y comunidad. La propuesta se inscribió en la línea de trabajo del Observatorio Social que busca generar debates sobre participación, derechos y compromiso social desde una perspectiva interdisciplinaria.
El eje del encuentro se orientó en torno a las motivaciones de una persona para donar tiempo sin esperar retribución económica, la importancia de la voluntad como fuerza de desarrollo, y el papel de las universidades en la extensión comunitaria. Se abordaron las dimensiones territoriales, pedagógicas e institucionales que atraviesan las experiencias de voluntariado.


Se realizó una entrevista a Emma Perín, integrante del servicio de voluntarias del Hospital Posadas, quien compartió la historia de las Damas de Rosa, y su propio recorrido de más de 30 años dedicando tiempo a personas en momentos de vulnerabilidad. Además, destacó el valor humano detrás del acompañamiento hospitalario y aseguró que “no se necesitan grandes estudios para ser voluntario, se necesita voluntad, paciencia y solidaridad”.
Por su parte, Javier Piso, estudiante de Comunicación Social, relató su experiencia en el proyecto “Había una vez en el barrio”, un voluntariado que trabajó con jóvenes de la Escuela Secundaria N.º 95 de Villa Palito para fortalecer la lectura, la escritura y la oralidad desde la identidad y el juego.“Fue mi primera vez en un voluntariado y me marcó la posibilidad de aprender desde el encuentro humano, fuera del aula”, evaluó Piso.
El equipo del Observatorio Social analizó el rol de la universidad en la extensión comunitaria y cómo los voluntariados se convierten en oportunidades pedagógicas para estudiantes y docentes, además de responder a necesidades sentidas del territorio. “Cada acción cuenta, aunque sea pequeña, porque puede transformar una realidad”, subrayaron.
