El lunes 29 de junio, el Centro de Innovación Social de la Universidad de San Andrés, junto a la Gerencia de Bienestar Ciudadano de la Ciudad de Buenos Aires, el Observatorio de Salud de la Facultad de Derecho de la UBA, la Fundación Navarro Viola y otras organizaciones, reunió a especialistas en el conversatorio «Soledades y vida en común» para abordar un fenómeno que crece en silencio y que, cada vez más, se impone como una de las grandes deudas de nuestras sociedades. «La soledad no deseada emerge hoy como uno de los grandes desafíos sociales, culturales y de salud pública de nuestro tiempo», afirmó Mercedes Jones, coordinadora del encuentro, al abrir la jornada. No se trata de un asunto privado ni menor: afecta la salud física y mental tanto como fumar quince cigarrillos diarios, según recordó Constanza Cilley, directora ejecutiva de la consultora Voices, y en la Argentina alcanza al 23 por ciento de la población.
El punto de partida lo puso Juan Manuel García González, compilador del libro «Soledades. Diversidad y Desigualdad», quien señaló que la soledad es un fenómeno complejo porque se experimenta de múltiples maneras, pero en esa diversidad aparecen factores comunes —el género, la edad, el lugar de residencia y el nivel socioeconómico— que la convierten en un problema social con perfiles bien definidos. García González trazó una paradoja central: la soledad se extiende en tiempos de hiperconectividad virtual y convive con una insatisfacción creciente respecto de los vínculos personales.
Asimismo, la investigación de Lucía Monteiro, de la Universidad de la República de Uruguay, aportó datos que desmienten cualquier simplificación. Aplicando la escala de soledad de la UCLA a cien participantes de cinco generaciones, Monteiro encontró que en la generación Z, siete de cada diez jóvenes reportan soledad y expresan, con crudeza, que tienen muchos vínculos en las redes, pero no el abrazo. En el extremo opuesto, entre los mayores de 65 años, la soledad alcanza a cuatro de cada diez participantes. El género también marca diferencias profundas: en los varones, la jubilación impacta con fuerza por la pérdida de los vínculos laborales; en las mujeres, en cambio, la soledad aparece a menudo como el reverso del fin de las cargas de cuidado, y algunas incluso la describen como la posibilidad de pensar un proyecto de vida propio.
Cilley profundizó en el contexto emocional que rodea a la soledad: aparece acompañada de estrés e irritación y el 64 por ciento de las personas que la padecen recurre a un refugio digital. La pregunta inevitable es por qué no se socializa en otros ámbitos. Las respuestas incluyen barreras económicas y temporales, pero, sobre todo, entre los más jóvenes, una falta de motivación que preocupa a los especialistas. En ese escenario, la relación con otras personas pierde importancia relativa y, en cambio, crece el vínculo con animales, plantas e incluso con la inteligencia artificial.
Por su parte, Sandra Almeyda, de la Universidad del Salvador, presentó un relevamiento sobre el proyecto de vida de personas mayores de 60 años en la Ciudad de Buenos Aires, realizado junto a la Fundación Convivir. Allí se observó que el 57 por ciento está jubilado, pero sigue trabajando, y un tercio lo hace porque lo necesita. El 90 por ciento se encuentra con amigos, pero el dato de género es revelador: el 77 por ciento son mujeres y solo el 13 por ciento varones. Pero quizás el hallazgo más sugerente fue otro: para el 70 por ciento de los encuestados, una persona es vieja a partir del momento en que se queda sin un proyecto de vida.
La soledad, sin embargo, no es un fenómeno abstracto. Marisa Aizemberg, coordinadora del Observatorio de Salud de la UBA, insistió en que tiene geografía, género, clase social y capacidades. No es aleatoria. Cuando una persona titular de derechos carece de redes de apoyo, el aislamiento limita su capacidad de tomar decisiones autónomas. «La soledad empieza cuando nadie escucha y valida un padecimiento», dijo Aizemberg, y agregó una advertencia que trasciende lo sanitario: «Una democracia también fracasa cuando naturaliza la falta de cuidado».
Por otra parte, Diego Ruiz expuso la experiencia del Observatorio de soledad no deseada de la provincia de Córdoba, la única iniciativa municipal de este tipo en el país. Allí conformaron una mesa operativa con diversas áreas y definieron una agenda de estudios que abarca a personas mayores, jóvenes y migrantes. Los resultados son elocuentes: el 57,78 por ciento presenta niveles moderados de soledad percibida, más del 24 por ciento tiene alto riesgo de aislamiento social y casi el 20 por ciento combina ambas situaciones, lo que implica una complejidad mayor. Ruiz coincidió con el diagnóstico sobre el impacto de la tecnología: «Las redes digitales nos acercan a quienes tenemos lejos, pero nos alejan de quienes tenemos cerca». También señaló otros factores que agravan la problemática: la viudez, la jubilación, las condiciones de movilidad e ingresos, y la vergüenza de aceptar la situación.
Liliana Parodi, especialista en Narrativa Silver, puso el foco en el rol de los medios de comunicación y en cómo las representaciones de la soledad y la muerte refuerzan estigmas que dificultan el abordaje. Puso como ejemplo la muerte de adultos mayores en París por las olas de calor extremo, o el estigma de género que pesa sobre las mujeres por «ser solas» en cualquier etapa de la vida. «No estar solo da mucho trabajo», resumió, y planteó la urgencia de generar nuevas narrativas sobre la generación silver que superen los límites de una comunicación regida por el drama.
Finalmente, María Chain, de la Gerencia de Bienestar Ciudadano del GCBA, relató las acciones desarrolladas desde las estaciones saludables y los centros de día, y remarcó que la soledad no deseada afecta también a adolescentes y niños, por lo que han generado líneas específicas de acompañamiento. El desafío, dijo, es seguir trabajando de manera conjunta para construir ciudades más lindas y habitables, donde los vínculos no sean un privilegio sino un derecho sostenido por el tejido comunitario, las instituciones y el espacio público.
