Memoria, derechos humanos y democracia

La memoria como un derecho colectivo y una práctica activa, especialmente en el contexto político y social actual

La multitudinaria movilización del 24 de marzo como expresión de una memoria que no se clausura, sino que se renueva en la participación popular fue el punto de partida para pensar la vigencia de las políticas de memoria, verdad y justicia, y su anclaje en la sociedad y el territorio . La conversación giró en torno a los intentos tanto de banalización como de negación del terrorismo de Estado, la importancia del reclamo histórico , y el rol de la universidad pública en la producción de pensamiento crítico y compromiso social.

En ese marco, el programa contó con la entrevista a Guillermo Torremare, vicepresidente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), quien analizó la coyuntura actual y destacó la fuerza simbólica y política de la marcha: una señal clara del apoyo social a las políticas de memoria, verdad y justicia. Torremare subrayó que no puede hablarse de “memoria completa” mientras no se conozca el destino de las y los 30.000 detenidos desaparecidos, y advirtió sobre el desmantelamiento de políticas públicas en derechos humanos. Al mismo tiempo, valoró los avances judiciales logrados en democracia, aunque señaló que aún “es mucho lo que falta” en términos de verdad y reparación.

El programa también incluyó la palabra de Daniel Santucho Navajas, nieto recuperado número 133, quien compartió su experiencia personal tras recuperar su identidad y reflexionó sobre el legado intergeneracional de las luchas de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. “No se trata de venganza, sino de justicia”, expresó, al tiempo que remarcó la dimensión profundamente colectiva de la memoria y la importancia de seguir buscando a las personas que aún faltan.

Desde el Observatorio Social, se reafirmó que el ejercicio de la memoria no pertenece solo al pasado ni a los organismos de derechos humanos, sino que constituye una responsabilidad social presente. Sostener la memoria, escuchar las voces de quienes fueron protagonistas y testigos, y promover espacios de reflexión crítica son acciones indispensables para fortalecer la democracia y evitar que las violencias del pasado se repitan.