Cada 10 de abril, Argentina conmemora el Día del Investigador y la Investigadora Científica en honor a Bernardo Houssay, el primer latinoamericano en recibir un Premio Nobel de Medicina (1947).
Tomando como punto de partida sus revolucionarios aportes sobre la hipófisis y la diabetes, el Observatorio Social de la Universidad Nacional de La Matanza dedicó un programa a reflexionar sobre el estado de la ciencia argentina, los desafíos del financiamiento y el papel del Estado en la investigación de enfermedades endémicas como el Chagas. Participaron el Dr. Gerardo Marti, investigador principal del CONICET; la periodista científica Lic. Magalí de Diego, de la Agencia CTyS: Ciencia, Tecnología y Sociedad – UNLaM; y el Lic. Santiago Palazzo, director ejecutivo de la Casa Museo Bernardo Houssay.
La ciencia que no se ve: Chagas, vinchucas y un insectario en peligro
El lema del Día Mundial de la Salud 2026 —“Juntos por la salud, apoyemos la ciencia”— atravesó la conversación. Pero lejos de la retórica, el equipo del Observatorio puso el foco en un caso concreto: el desmantelamiento del Centro Nacional de Diagnóstico e Investigación de Endemoepidemias (CENDIE) y la UNOVE en Punilla, un insectario con 40 años de trabajo ininterrumpido.
“Era el segundo o tercer insectario más grande de América en diversidad de especies”, explicó Gerardo Marti, investigador del Centro de Estudios Parasitológicos y de Vectores (CEPAVE), La Plata. Allí se mantenían colonias de vinchucas de distintas regiones, algunas provenientes de Centroamérica, con ciclos de vida de hasta un año. “Nosotros, cuando necesitábamos 600 insectos para probar un hongo o un virus, llamábamos a la UNOVE y nos los enviaban sin costo. Eso es ciencia pública articulada”.
Pero desde fines de 2023, los contratos del personal no se renovaron. “Gente con 20 años de experiencia capacitando técnicos en todo el país, se quedó en la calle de un día para el otro”, denunció Marti. Y advirtió que, sin ese insectario, no hay pruebas de resistencia a insecticidas. “Si las vinchucas se vuelven resistentes, estamos fumigando con un producto que no las mata”.
La ciencia no es rentable para todos
El mercado no investiga lo que no es negocio. “El Chagas afecta a más de un millón y medio de personas en Argentina, pero son personas aisladas, sin poder de lobby, sin laboratorios que organicen pacientes”, señaló Marti.
Magalí de Diego, periodista de la Agencia CTyS, agregó: “¿Quién va a investigar una enfermedad endémica como el Chagas desde una multinacional? Nadie. Eso lo tiene que hacer el Estado, pero si el Estado se retira, la línea de investigación se pierde y con ella décadas de trabajo”.
No se puede medir la ciencia con la vara de la ganancia inmediata. Investigar no es fabricar un producto con fecha de vencimiento en el mercado. La ciencia básica, esa que parece no tener una aplicación directa, es la que sostiene los grandes descubrimientos: sin entender cómo funciona una célula, no habría vacunas; sin observar el comportamiento de un insecto, no habría control de epidemias. Reducir la ciencia a lo que genera dinero en dos años es condenarnos a resolver solo los problemas de hoy, y dejar a las futuras generaciones sin las herramientas para enfrentar los suyos.
Becarios: el motor invisible de la ciencia
Otro de los puntos centrales fue la situación de los becarios CONICET. “Un becario doctoral tiene entre 12 y 15 años de formación universitaria y especialización”, recordó Magalí. “Pero cuando no llega a fin de mes, se va del país. Y nosotros le regalamos ese recurso humano a las potencias”.
Y destacó un dato muchas veces invisibilizado: “Muchas veces, el becario es quien tiene la posta de la investigación. Es el que recolecta datos, habla con los pacientes, pasa horas en el laboratorio. Pero es el más mal pago y el más desprotegido”.
Houssay en el presente: gestión, obsesión y soberanía científica
El cierre del programa estuvo dedicado a Bernardo Houssay. Santiago Palazzo, desde la Casa Museo, describió a un científico meticuloso hasta la obsesión: anotaba qué desayunaba, cuánto pagaba y a qué hora llegaba a cada conferencia. Recorrió más de 150 ciudades y 100 países. Pero su legado más importante fue institucional: creó el CONICET, impulsó el investigador de dedicación exclusiva y entendió que la ciencia necesita gestión tanto como genio.
“Houssay decía que los países ricos lo son porque invierten en ciencia y tecnología, y los pobres lo siguen siendo porque no lo hacen”, recordó Palazzo. “Esa frase hoy duele porque estamos viendo el desmantelamiento de organismos que él mismo ayudó a fundar”.
Defender la ciencia es defender la soberanía
El programa cerró con una reflexión que atraviesa la historia científica argentina: la ciencia no es un lujo, ni un gasto, ni una concesión del mercado. Es una política de Estado o no es. Como sostuvo Magalí de Diego, “cuando la gente entiende lo que se hace en los laboratorios y quiénes lo hacen, sale a defenderlo. Por eso nuestro trabajo hoy es también un acto de resistencia”.
En este momento, en el que no contamos con Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación porque fue degradado a Secretaría, donde las becas se congelaron y los centros de investigación cierran, la frase de Houssay resuena más vigente que nunca… porque la ignorancia, esa sí, sale cara.
