En un contexto de pérdida de puestos de trabajo, salarios congelados y creciente estigmatización de la economía popular, referentes sindicales y sociales advierten sobre el retroceso de derechos laborales y convocan a resistir por un trabajo digno.
Cada 1° de mayo, el Día Internacional del Trabajador y la Trabajadora, no solo invita a recordar las luchas históricas por jornadas laborales justas, condiciones dignas y derechos conquistados con sangre, como la de los mártires de Chicago en 1886. También convoca, necesariamente, a mirar el presente: a preguntarse qué queda de aquellos ideales en un contexto donde el desempleo crece, el salario pierde contra la inflación, las leyes laborales se flexibilizan y sectores enteros de la economía —como la economía popular, la docencia universitaria o la construcción— ven amenazada su propia existencia.
En ese marco, el Observatorio Social reunió las voces de referentes sindicales y de organizaciones sociales para reflexionar sobre el sentido del trabajo, la dignidad, el cuidado y la resistencia en la Argentina actual. Desde la Universidad Nacional de la Matanza, trabajadores, docentes, comunicadores e investigadores abrieron el debate sobre qué significa ser trabajador o trabajadora hoy, en un país que, pese a su riqueza inmensa, no deja de generar pobreza.
La economía popular existe, trabaja y resiste
Norma Morales, secretaria adjunta de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) y referente nacional del movimiento Barrios de Pie, describió la dura realidad del sector.
“Este 1° de mayo no es uno más. Lo vivimos en una coyuntura muy dura, donde se intenta desconocer el trabajo que venimos desarrollando desde la economía popular”, afirmó Morales.
Norma denunció que el gobierno actual avanzó con una campaña de desprestigio contra las organizaciones sociales, allanamientos de comedores, congelamiento de salarios y eliminación de programas clave como Volver al Trabajo. Actualmente, cobran $78.000, muy por debajo del salario mínimo vital y móvil.
“Nosotras somos el territorio. Sostenemos la vida: cuidamos a las infancias, acompañamos a jubilados, enfrentamos la violencia de género. ¿Quién cuida a las que cuidamos?”, cuestionó.
Además, remarcó que los movimientos sociales están compuestos en un 80% por mujeres de los barrios populares, y que el costo de las políticas públicas para la economía popular representa apenas el 0,1% del PBI, en comparación con los millonarios gastos en operativos de seguridad.
Universitarios: ni disfraces ni clase media
Walter Ferreiro, secretario general de ADUNLAN (Asociación de Docentes de la Universidad Nacional de La Matanza), planteó la urgencia de defender la identidad de los trabajadores universitarios.
“La mayoría de nosotros somos clase trabajadora porque necesitamos el salario para vivir. Si un docente se va de la universidad pública porque no puede vivir dignamente, se pierden años de formación”, señaló.
Ferreiro informó que entre diciembre de 2023 y la fecha, los docentes universitarios perdieron más del 50% de su poder adquisitivo, y que 15 de las 16 categorías docentes tienen salarios por debajo de la línea de pobreza. Además, las transferencias para funcionamiento universitario cayeron más del 45%. En ese marco, convocó a la marcha del martes 12 de mayo en Plaza de Mayo, en defensa de la universidad pública. “Defender la universidad pública es defender un país soberano”, señaló.
Construcción en caída: “No se aguanta más”
Heraldo Cayuqueo, secretario general de UOCRA Matanza y titular de la CGT regional, aportó datos contundentes: entre diciembre de 2023 y enero de 2026 se perdieron más de 290.000 puestos de trabajo registrados. La construcción ocupa el segundo lugar en pérdida de trabajadores.
“Si no fuera por algunas obras de la provincia, estaríamos muchísimo peor. El poder adquisitivo del salario se desplomó, las paritarias dieron 20% y la inflación real supera el 30%”, explicó.
Cayuqueo criticó la reforma laboral impulsada por el gobierno, asegurando que el sistema paritario previo funcionaba y que la nueva ley solo quita derechos. También señaló la paradoja de un país con riquezas inmensas que, sin embargo, no deja de generar pobreza.
“El gobierno dice `próximos 6 meses mejores´ y cada vez empeoramos. Respetamos la democracia, pero el pueblo tendrá que decidir si este camino continúa o no”, concluyó.
Militancia por un trabajo digno y elegido
El trabajo no es una mercancía ni un disfraz que se cambia según la necesidad. Tampoco es un lujo reservado para quienes pueden prescindir de un salario. Es, ante todo, una herramienta de dignidad, identidad y transformación social. Los miembros del Observatorio Social queremos hacer esto que hacemos: ser docentes, comunicadores, investigadores. Construir una patria con ciencia, tecnología y bienestar para quienes dependemos de nuestro trabajo.
