En el marco del Día Mundial de la Salud, el Observatorio Social de la UNLaM puso en agenda el estado actual de la salud pública argentina. A través de tres entrevistas con actores clave del sistema sanitario, abordamos los desafíos del financiamiento hospitalario, el vaciamiento institucional, la necesidad de una nueva mirada sobre la longevidad y la importancia de la ciencia como herramienta colectiva.
Un derecho en disputa
Cada 7 de abril, la Organización Mundial de la Salud (OMS) convoca a reflexionar sobre un aspecto central de nuestras vidas: la salud. Este año, bajo el lema «Juntos por la salud, apoyemos la ciencia», la efeméride cobra una relevancia particular en Argentina, donde el sistema de salud pública atraviesa uno de sus momentos más complejos de las últimas décadas.
En este contexto, el Observatorio Social de la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM) reunió las voces de tres protagonistas que, desde distintas trincheras, analizan el presente y el futuro del derecho a la salud en el país.
«Juntos por la salud, apoyemos la ciencia. Qué bien que viene ese lema. Parece que hubieran estado pensando en Argentina», reflexionó la conducción del programa, en referencia a los debates sobre la permanencia del país en la OMS y los reiterados discursos que cuestionan el valor de los organismos multilaterales.
Alejandro Lipcovich, ATE Hospital Garrahan: «El hospital se va achicando mes a mes»
El secretario general de la Junta Interna de ATE en el Hospital Garrahan describió un panorama de «vaciamiento» sostenido. «Estamos atravesando un ataque que no tiene precedentes respecto de la provisión de servicios de salud por parte del Estado», señaló.
Lipcovich recordó la lucha que llevaron adelante durante 2025, con paros y movilizaciones que lograron frenar parcialmente el ajuste y conquistar una mejora salarial significativa. Sin embargo, advirtió que el problema de fondo persiste: «No entra personal. Nadie que se jubila, nadie que renuncie es suplantado. El hospital se va achicando cada mes que pasa».
El dirigente sindical destacó que la defensa del hospital requirió construir unidad interna entre trabajadores de todas las profesiones y oficios, así como alianza con las familias de los niños y niñas atendidos. «Quedó claro que no existía salud posible sin una articulación», subrayó.
«El terraplanismo sanitario que se ha apoderado del Ministerio de Salud tiene consecuencias dramáticas», sentenció, en referencia a la gestión del ministro Mario Lugones y su alineamiento con discursos antivacunas.
Mercedes Jones, Movimiento Viva la Longevidad: «Vivir mucho no es suficiente, hay que vivir bien»
La socióloga y especialista en longevidad aportó una mirada innovadora: la transición hacia una nueva longevidad. «Es muy probable que muchas personas vivamos hasta los 100 años. Eso es estadística demográfica. Pero desde el punto de vista cultural, no estamos preparados», explicó.
Jones cuestionó viejos paradigmas, como la creencia de que las neuronas no se regeneran o que el envejecimiento es sinónimo de pérdida de capacidades. «Prácticamente todo lo que pensamos en el siglo XX con respecto a la vejez se demuestra que no es cierto», afirmó.
Su mensaje fue contundente: el desafío no es solo vivir más, sino vivir mejor. «Si vos me garantizás que voy a vivir bien, vamos para adelante. Pero si me decís que voy a vivir mucho y mal, es una catástrofe», planteó.
Para enfrentar esta nueva realidad, Jones propuso combatir el edadismo —la discriminación por edad, tanto hacia jóvenes como hacia adultos mayores— y promover una cultura del cuidado y el bienestar integral, que trascienda el modelo centrado exclusivamente en la enfermedad.
«Tenemos que salir del modelo de salud como atender la enfermedad y pasar al modelo del bienestar como autocuidado», sintetizó.
Cristian Panigadi, Director del Hospital Interzonal General de Agudos Doctor Diego Paroissien: «Atender no alcanza si no podemos garantizar la continuidad del tratamiento»
El director del hospital público de La Matanza aportó una mirada territorial, situada en uno de los distritos más poblados y vulnerables del país. Con números en mano, describió la magnitud de la demanda: 1.000 personas por mes son internadas, entre 2.000 y 4.000 circulan diariamente por guardia y consultorios, y se atienden entre 400.000 y 500.000 personas por año.
A pesar de la enorme carga asistencial, Cristian señaló una contradicción: «El hospital sigue moviéndose, sigue dando respuesta como puede, pero la gente está peor».
El problema central, explicó, no es solo la falta de infraestructura o personal, sino la imposibilidad de garantizar la continuidad de los tratamientos. Puso como ejemplo el caso del asma: «Una persona que tiene asma, nada del otro mundo, necesita un puff. Cuando no tenés acceso ni al puff ni a las nebulizaciones, las crisis se hacen cada vez peor y terminás internado».
