En el marco del Día Internacional de los Museos (18 de mayo), el programa del Observatorio Social de la Universidad Nacional de La Matanza se propuso desacralizar la idea del museo como un espacio lejano, de paredes blancas y carteles de «no tocar». Por el contrario, recorrimos experiencias que ponen la cultura popular, el territorio y la memoria colectiva en el centro de la escena.
Muchas veces los museos no forman parte de nuestra cotidianidad y, para cambiar esa mirada, dialogamos con dos iniciativas que demuestran que los museos pueden estar en una casa, en la calle o en el corazón de un barrio.
El Museo del Padre Mario: 30 años de historia y fe en González Catán
En el kilómetro 31 de la ruta 3, frente al mausoleo donde descansan los restos del Padre Mario, funciona un museo que nació de un deseo escrito en su testamento: conservar más de 700 piezas de arte sacro, vestimentas litúrgicas, pinturas de Raúl Soldi y objetos personales para sostener la obra solidaria tras su fallecimiento.
Florencia Flores, del equipo de comunicación de la obra del Padre Mario, nos contó que el museo cumple 30 años y que no solo exhibe obras valiosas, sino también la cotidianidad del sacerdote: su escritorio, sus lecturas, su sotana negra gastada, sus zapatos, el cáliz que le regaló su familia al ordenarse.
«El padre Mario era un adelantado. Previó que, tras su partida, a la obra le iba a costar sostenerse», explicó Florencia.
Y vaya si lo necesitaba: la obra del Padre Mario hoy acompaña a más de 40.000 personas entre beneficiarios directos e indirectos, con servicios que van desde el nivel inicial hasta el nivel universitario, atención de la salud, centros de día para adultos mayores y personas con discapacidad, un polideportivo con más de 20 disciplinas, y una escuela sociodeportiva junto a la Fundación Real Madrid. Todo sostenido por más de 500 trabajadores.
Ver el estado de sus zapatos, su maletín, las lecturas al costado de su cama, la imagen de Santa Teresita… ahí uno percibe al hombre detrás del personaje. Una invitación abierta a conocer el museo y sumarse como voluntario a una obra que late en el sur de La Matanza.
El Museo Vivo del Carnaval Metropolitano: cultura popular itinerante
Si hay un museo que desafía todas las convenciones, es éste. Nacido en 2017 desde la Licenciatura en Gestión Cultural de la Universidad Nacional de Avellaneda, el Museo Vivo del Carnaval Metropolitano no tiene sede física. Es itinerante, participativo e interactivo.
Una de sus fundadoras, Amorina Martínez, licenciada en gestión cultural y especialista en museología social, explicó que el museo fue armado «por y para la comunidad del carnaval, porque la comunidad de la murga y el carnaval demandaba un museo». Las muestras surgen de las preocupaciones de murgueros, murgueras y vecinos: desde la relación entre los clubes de barrio y la murga, hasta la figura del gaucho en el carnaval.
«Nosotros no queríamos ir mucho hacia atrás. Nos preocupaba la transmisión oral, que se pudiera mantener vivo», señaló Amorina.
Por eso, cada muestra incluye una murga actuando. Han itinerado por el Museo Nacional del Traje, la Biblioteca del Congreso y Tecnópolis, entre otros espacios.
Uno de los tesoros del museo son cassettes grabados desde 1986 por un vecino que no era murguero pero entendió la importancia de registrar. Hoy están siendo digitalizados para preservar las marchas que lograron la recuperación del feriado de carnaval, un hecho histórico para la comunidad.
Museos para unir un mundo dividido
El lema de este año del Día Internacional de los Museos, impulsado por el Consejo Internacional de Museos (ICOM), es «Museos uniendo un mundo dividido». Una frase que resuena con cada una de estas experiencias: el museo como espacio de encuentro, memoria y dignidad.
No esperemos a noviembre, a la Noche de los Museos y a las colas interminables. Tenemos museos en nuestra Matanza, en nuestro conurbano. Visitémoslos. Y si no existen, soñémoslos.
