Violencia en el noviazgo: barreras, silencios y una deuda con las juventudes

A 30 años del femicidio de Carolina Aló

El 27 de mayo de 2021, el gobierno bonaerense promulgó la Ley 15.246, mediante la cual se instituyó el Día de la prevención de la violencia en el noviazgo, en memoria del femicidio de Carolina Aló. En el marco de esta fecha, el programa El Observatorio puso el foco en una problemática que, aunque invisible para muchas políticas públicas, atraviesa cada vez con más fuerza las relaciones sexoafectivas de adolescentes y jóvenes. Desde el silencio de las líneas de atención estatal hasta la naturalización del control digital como «muestra de amor», especialistas en trabajo social, psicología, educación sexual integral y justicia analizaron las principales barreras que enfrentan las juventudes para pedir ayuda y construir vínculos libres de violencia.

“La mayor barrera son los adultos”

Así lo planteó Paola Paz, licenciada en Trabajo Social egresada de la UNLaM, que se desempeña en una unidad sanitaria de Laferrere. Para Paz, las instituciones de salud y educación no están pensadas para adolescentes: son espacios hostiles, con una mirada adultocéntrica que deja fuera las voces de las juventudes.

“Nadie está mirando hoy a las niñeces y adolescencias. No son prioridad en las políticas públicas. Desde salud nos acercamos a las escuelas, pero el trabajo es muy acotado. La violencia en el noviazgo no empieza en el noviazgo: empieza mucho antes, en la crianza, en la familia, en lo que los chicos y chicas ven naturalizar desde pequeños.”

Paz destacó la importancia de los consultorios de diversidad y los espacios amigables —como el que funciona los viernes en la Unidad Sanitaria de Laferrere (Estanislao del Campo 3500)—, pero advirtió que son pocos y sostienen una demanda espontánea que no alcanza a cubrir La Matanza, el territorio más grande de la provincia de Buenos Aires.

Tecnologías, control y naturalización del “tóxico”

Mariela Julieta Verzero, psicóloga, docente y divulgadora de ESI en redes sociales (@lainfluesi), puso el acento en cómo el lenguaje y las nuevas tecnologías han normalizado conductas violentas.

“Hoy se usa cómicamente eso de ‘la tóxica’, ‘el tóxico’, como si fuera una parte esperable del vínculo. Pero no es natural: es violencia. Controlar el celular, pedir las claves de Instagram, aislar a la pareja de sus amistades o controlar su ubicación en tiempo real son formas de violencia psicológica y simbólica.”

Verzero advirtió además sobre el impacto de la pornografía en la socialización sexual de los jóvenes, donde la cosificación del otro se vuelve la base de los vínculos. Frente a esto, reivindicó la Educación Sexual Integral (ESI) como la herramienta más eficaz para prevenir violencias por motivos de género.

“La ESI no adoctrina: plantea vínculos sanos, paritarios, autónomos. Es la única política que ha demostrado ser eficaz para prevenir y detectar el abuso sexual infantil y las violencias de género.”

Cuando la justicia recibe el reclamo

María Cecilia Console, doctora en Psicología (UBA) y titular de la Oficina de Sala de Entrevista de Niñas, Niños y Adolescentes del Poder Judicial de CABA, explicó que en los últimos años crecieron las denuncias por noviazgos violentos entre jóvenes que no conviven ni tienen hijos en común.

“Eso muestra la dificultad para poner límites y cesar el vínculo, incluso sin convivencia. Muchas chicas recurren a la justicia pidiendo medidas cautelares, pero hoy las violencias también se ejercen por redes sociales. No alcanza con una perimetral presencial: hay que bloquear todo contacto digital.”

Console destacó que, en sus investigaciones comparadas entre Argentina, México y España, los principales factores de riesgo son comunes: haber sido testigo o víctima de violencia familiar en la infancia, y un estilo agresivo de resolución de conflictos. En todos los países, la prevención sigue siendo la asignatura pendiente.

Mirar, escuchar, prevenir

El programa concluyó con una idea fuerza compartida por las tres especialistas: la violencia sólo puede existir en el aislamiento y el silencio. Romperla implica generar espacios de escucha activa, sin juicio, donde los y las adolescentes puedan hablar y ser creídos.

“No se trata de ser padres o madres perfectos. Se trata de que los adultos estemos disponibles para escuchar lo que duele. Si un hijo o hija te dice ‘mandé una foto desnuda y me amenazan’, lo peor que podemos hacer es reaccionar desde el castigo. Hay que contener y acompañar”, reflexionó Verzero.

Desde el Observatorio Social de la UNLaM se reafirma el compromiso de visibilizar lo que duele, poner en palabras lo que se naturaliza y construir, colectivamente, formas más libres y menos violentas de quererse.