Educar en todos los territorios: experiencias que garantizan derechos y transforman vidas

Día Internacional de la Alfabetización

La alfabetización es un derecho humano fundamental y la puerta de acceso a otros derechos. Sin embargo, muchas personas no pudieron iniciar sus estudios, debieron abandonarlos o encontraron nuevas oportunidades de aprender en la adultez. A partir de esta realidad, El Observatorio recorrió tres escenarios educativos que suelen quedar fuera de las representaciones tradicionales sobre la escuela.

El diseño como puente en contextos de encierro

Coco Cerrella, diseñador, activista gráfico y docente universitario, desarrolla desde hace catorce años un taller de Diseño y Comunicación en contextos de encierro, dentro del programa UBA XXII. La propuesta brinda herramientas para que las personas privadas de su libertad puedan imaginar y planificar proyectos para cuando recuperen la libertad. También funciona como un puente hacia la educación universitaria.

“Talento sobra y, evidentemente, lo que ha faltado en muchos casos son oportunidades”, sostuvo Cerrella.

En un contexto atravesado por la pobreza, la discriminación y la vulneración de derechos, el diseño se convierte en una herramienta de expresión y construcción de nuevas oportunidades.

Alfabetizar también es enseñar a leer el mundo

Silvia Vilta, directora de Educación de Jóvenes, Adultos y Adultos Mayores de la provincia de Buenos Aires, remarcó la responsabilidad del Estado de restituir el derecho a la educación a quienes no pudieron completar sus estudios.

“Alfabetizar no se trata solamente de enseñar las letras y los números. También se trata de enseñar a leer el mundo, leer la realidad y comprender las causas de las injusticias”, afirmó.

Saber leer y escribir permite desenvolverse con mayor autonomía en la vida cotidiana. En las aulas de jóvenes y personas adultas también se produce un intercambio entre generaciones, saberes y experiencias. La educación permite cumplir una asignatura pendiente, pero también proyectar la continuidad de los estudios, el ingreso a la universidad, la formación en un oficio o una mejora laboral.

La escuela rural como presencia del Estado

El tercer eje estuvo dedicado a la educación rural. Valeria Mancini, exdirectora de una escuela de Navarro, explicó que estas instituciones deben responder a las características de cada comunidad.

“La escuela rural se adapta a los modos de vida, la cotidianeidad y la cultura de los chicos”, señaló.

Una de sus particularidades es el plurigrado, donde estudiantes de diferentes edades y niveles comparten el aula. Esta modalidad exige actividades diferenciadas y, al mismo tiempo, espacios comunes de aprendizaje.

Mancini también advirtió sobre las dificultades para sostener estas instituciones. La falta de trabajo provoca que muchas familias abandonen las zonas rurales, que disminuya la matrícula y que algunas escuelas deban cerrar. Por eso, reclamó una mayor visibilización y acompañamiento.

La educación como derecho

Las experiencias compartidas muestran que una cárcel, un centro educativo para personas adultas o una pequeña escuela rural pueden convertirse en espacios para reconstruir derechos, recuperar proyectos y abrir nuevas oportunidades.

Garantizar el acceso a la educación requiere políticas públicas sostenidas y la presencia activa del Estado. Allí donde exista una persona que necesite aprender, también debe existir una oportunidad educativa.