En el Día Internacional de las Personas de Edad, especialistas y referentes de organizaciones sociales reflexionaron sobre los desafíos del envejecimiento, la discriminación por edad, el acceso a la educación y las dificultades económicas que atraviesan las personas mayores.
Argentina atraviesa un proceso de envejecimiento poblacional: el 16,2 % de sus habitantes tiene 60 años o más. Esta transformación plantea nuevos desafíos para las políticas públicas y la necesidad de garantizar una vejez con autonomía, participación y derechos.
Revolución de las Viejas, una lucha contra el edadismo
Susana Gargano, integrante del Movimiento Federal Revolución de las Viejas, destacó la importancia de combatir los prejuicios asociados al envejecimiento y reconocer a las personas mayores como protagonistas de sus propias decisiones.
“Queremos hacer valer nuestra voz y no que hablen por nosotras”, expresa el manifiesto de la organización, que promueve la participación política, el intercambio intergeneracional y la defensa de los derechos adquiridos.
Gargano advirtió sobre la insuficiencia de los ingresos jubilatorios, las dificultades para acceder a medicamentos y la necesidad de fortalecer los espacios de representación. “Nosotras defendemos el sujeto como derecho”, sostuvo al cuestionar las miradas asistencialistas sobre la vejez.
En ese sentido, destacó el trabajo territorial para impulsar la creación de consejos de personas mayores y promover iniciativas legislativas vinculadas con la representación, la no discriminación por edad y el buen trato.
La universidad, un espacio para seguir aprendiendo
Jorge Tognolotti, director de UNITE, el programa Universidad para la Tercera Edad de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, destacó el valor de la educación permanente para las personas mayores.
Con 28 años de trayectoria, UNITE cuenta con 45 cursos y 1.450 participantes en modalidades presencial y virtual. Entre las propuestas más convocantes se encuentran las vinculadas con nuevas tecnologías e inteligencia artificial, que contribuyen a reducir la brecha digital y fortalecer los vínculos intergeneracionales.
El especialista también advirtió sobre las dificultades económicas que enfrentan muchos estudiantes, quienes en ocasiones deben elegir entre participar de actividades educativas o destinar sus ingresos a la compra de medicamentos. Una situación que evidencia cómo la insuficiencia de ingresos también limita el ejercicio de derechos culturales, educativos y sociales.
Soledad no deseada, endeudamiento y abuso financiero
La gerontología comunitaria propone abordar las problemáticas que atraviesan a las personas mayores desde una perspectiva territorial, interdisciplinaria y centrada en sus derechos. Sebastián Amaro, sociólogo e integrante de la Asociación Latinoamericana de Gerontología Comunitaria (ALGEC), destacó la importancia de reconocer la diversidad de experiencias de envejecimiento, condicionadas por factores como el género, la clase social y las trayectorias de vida.
Desde este enfoque, el especialista subrayó el papel de las redes comunitarias para enfrentar problemáticas como la soledad no deseada, el endeudamiento y las situaciones de abuso financiero que afectan a las personas mayores.
Frente a este escenario, el especialista destacó la importancia de investigar estas prácticas, visibilizar sus consecuencias y promover mecanismos de protección que garanticen los derechos y la autonomía económica de las personas mayores.
Una sociedad que reconozca el valor de todas las etapas de la vida
Las distintas perspectivas sobre el envejecimiento ponen de manifiesto una idea central: no existe una única manera de transitar la vejez y las personas mayores deben ser reconocidas como protagonistas de sus propias decisiones.
La participación política, el acceso a la educación, la seguridad económica y el fortalecimiento de las redes comunitarias constituyen condiciones fundamentales para garantizar una vejez digna y el pleno ejercicio de los derechos.
En un contexto de envejecimiento poblacional, resulta necesario revisar los prejuicios y las representaciones sociales asociados a esta etapa de la vida, promover el encuentro entre generaciones y desarrollar políticas públicas que reconozcan la diversidad de trayectorias y necesidades de las personas mayores.
El desafío no consiste solamente en vivir más años, sino en construir una sociedad que garantice que esos años puedan transitarse con autonomía, bienestar, oportunidades y derechos.
