En el marco del Día de acción por la tolerancia y el respeto entre los pueblos, que cada 24 de abril recuerda el inicio del genocidio armenio, el Observatorio Social dialogó con Arturo Ter Akopian, presidente de la Casa de Auxilio de Ramos Mejía y descendiente armenio. La conversación atravesó la memoria histórica, el valor del reconocimiento legal, los silencios incómodos del presente y el rol de la comunidad en la construcción de salud y cultura.
Dos genocidios guardados en el interior
“Yo guardo en mi interior dos genocidios”, confesó Arturo al inicio de la charla. El primero, el perpetrado por el Imperio Otomano entre 1915 y 1923 —aún negado por el Estado turco—, que arrojó entre un millón y medio y dos millones de muertos. El segundo, el de los 30.000 desaparecidos por la última dictadura cívico-militar argentina. “Sobre este último, el valor está vinculado con que acá hubo justicia. ¡Y qué diferencia! —exclamó—. Del reconocimiento a la negación.”
La conversación derivó enseguida hacia el presente. “Ahora tenemos a Milei”, dijo Arturo, trazando un puente incómodo entre el negacionismo histórico y ciertos discursos actuales que vuelven a poner en duda el número de 30.000 desaparecidos.
En cuanto al genocidio armenio, para Ter Akopian la falta de reconocimiento generó una herida que no cicatriza. “Los sobrevivientes guardan una enorme carga muy difícil de metabolizar. El negacionismo es terrible porque no se puede hablar de eso si no existe. Termina siendo autodestructivo”, afirmó.
El “click” del reconocimiento legal en Argentina
Consultado sobre los cambios en la comunidad armenia a partir de 2007, cuando el gobierno argentino —mediante la Ley 26.199— instituyó el 24 de abril como Día de acción por la tolerancia y el respeto entre los pueblos, la respuesta de Arturo fue contundente: “El cambio se dio desde lo legal. Antes estaba emocionalmente todo bien, pero faltaba lo justo y lo legal. A partir de ese momento se oficializó, se blanqueó la cosa”. Ese reconocimiento —explicó— permitió que en las escuelas se estudie qué pasó con la nación armenia. “Ahí se produce un click: transforma la manera en que esas emociones pueden expresarse, vivirse y compartirse.”
Memoria, tolerancia y democracia
El espíritu de la efeméride es un llamado a defender los derechos humanos, rechazar el negacionismo y fomentar el diálogo intercultural. Ter Akopián lo resumió con una frase que quedó flotando en el aire: “Cuando uno es tolerante con los intolerantes, la intolerancia gana. Hay cosas que no hay que tolerar”.
El Observatorio Social reproduce esta conversación como parte de su compromiso con la pedagogía de la memoria, convencido de que recordar no es un acto del pasado, sino una apuesta por el presente y el futuro.
